Solicitar demo

Entre cierres, gestiones y emociones: ¿Cómo RRHH sostiene el fin de año organizacional?

Daniel Vivar, gerente de Talento y Cultura en Latina, habla sobre el desgaste de los equipos de RR.HH. y cómo sostenerse cuando todo es urgente.

T1 - E3

Tabla de contenidos

El fin de año en las organizaciones tiene una cara visible y una invisible. La visible: fiestas, premiaciones, cierres de metas. La invisible: los equipos de Recursos Humanos corriendo en paralelo para que todo eso suceda —evaluaciones de desempeño, desvinculaciones, proyecciones, presupuestos— sin pausar, sin margen y, muchas veces, sin que nadie los pregunte cómo están.

Es una paradoja conocida en el sector, pero poco nombrada: el área que lidera las iniciativas de bienestar es también una de las más expuestas al agotamiento emocional.

La paradoja del cuidador que no se cuida

Daniel Vivar, gerente de Talento y Cultura en Latina, lo resume con claridad: «Nos encargamos de diseñar la estrategia de bienestar, pero muy pocas veces solemos aplicarla nosotros mismos.» El problema no es solo el volumen de trabajo —que es real— sino que el agotamiento sostenido erosiona lo que hace valioso al trabajo de RR.HH.: la creatividad, la empatía, la capacidad de acompañar. Un equipo exhausto puede seguir cumpliendo objetivos, pero pierde alineación con el propósito.

Hablar del cansancio no frena los objetivos

Una de las creencias más extendidas en los equipos de alta exigencia es que reconocer el agotamiento equivale a aflojar. Daniel propone lo contrario: incorporar una pregunta simple al inicio de cada reunión semanal —¿cómo estamos?— crea lo que él llama un «rompehielo emocional» que, lejos de distraer del trabajo, permite al equipo operar desde un lugar más consciente y sostenible.

El líder que nombra su propio cansancio no pierde autoridad: la resignifica. Mostrar vulnerabilidad de forma genuina —no como performance, sino como honestidad— invita al equipo a corresponder, a ofrecer apoyo, a activar dinámicas de colaboración que no se activan cuando todo «está bien».

Señales que aparecen antes del burnout

Identificar el agotamiento antes de que se convierta en crisis requiere atención a señales que no siempre son evidentes. Daniel señala tres indicadores que suele monitorear en su equipo: los silencios prolongados o las respuestas automáticas en las reuniones, los cambios de actitud hacia los clientes internos (muy distintos de cómo la persona se comporta frente al líder directo) y la situación personal y familiar, que inevitablemente permea el rendimiento laboral. «Hablamos de una única y misma persona», dice. «Lo que pasa en casa va a afectar en el trabajo, y viceversa.»

Cuando el límite lo pone el propio líder

Quizás el momento más revelador del episodio es cuando Daniel habla en primera persona. Después de casi nueve años en Latina, llegó a un punto de límite que nunca había experimentado: un cuadro de ansiedad que lo tomó por sorpresa. Su respuesta fue aceptarlo, ponerle nombre, hablarlo con su familia y —lo que más le costó y más lo marcó— contárselo a su equipo.

«Me senté con mi equipo y les dije: me siento así.» Lo que recibió a cambio no fue una pérdida de confianza, sino apoyo, acompañamiento y el recordatorio de que el rol de líder no convierte a nadie en invulnerable.

Tres recomendaciones para el cierre de año

Daniel cierra el episodio con tres consejos concretos:

Pausa consciente. No como lujo, sino como herramienta. La técnica de respiración 4-6-8 (inhalar en 4 tiempos, contener en 6, exhalar en 8) ayuda a desactivar la respuesta de estrés y recuperar claridad para decidir qué merece atención inmediata y qué puede esperar.

Círculos de confianza. Espacios donde poder decir cómo uno está —en el equipo, en la familia— sin necesidad de recibir soluciones. A veces lo que se necesita es ser escuchado. Y cuando hay alguien que sí puede ofrecer una perspectiva o una idea, esa conversación también puede desbloquear lo que parecía sin salida.

Escuchar al cuerpo. El trabajo importa. Pero si la salud falla, el trabajo tampoco va a ser el mismo. Prestar atención a las señales del cuerpo, tomarlas en serio y actuar sobre ellas no es una señal de debilidad: es condición para seguir siendo efectivo y presente en todos los roles que se ocupan —en el trabajo y fuera de él.

¿Te identificaste con este episodio? Comparte tu experiencia con la comunidad Mandü.

Transcripción del episodio:

Geraldine Bendezú: Hola y bienvenidos a un nuevo episodio de HR en Voz Alta, un espacio diseñado especialmente para el corazón de las organizaciones: el área de recursos humanos. Yo soy Geraldine Bendezú, Account Management Lead en Mandü, y hoy vamos a dar inicio a una conversación no solo importante, sino también necesaria. ¿Quién se ocupa de gestionar el bienestar de quienes cuidan a toda la organización, sobre todo en estas épocas donde todo es prioridad?

Geraldine Bendezú: Para responder esta pregunta hemos invitado a Daniel Vivar. Daniel es especialista en desarrollo organizacional y gestión del talento. Actualmente se desempeña como gerente de Talento y Cultura en Latina y estamos encantadas de tenerte, Daniel. Bienvenido.

Daniel Vivar: Muchas gracias, Gery. Gracias por la invitación a este espacio. Bueno, dicen que recursos humanos es el corazón de toda organización y a veces el corazón también se cansa, también necesita volver a latir correctamente como antes. Entonces, en ese sentido, creo que es muy importante —como dices tú— abordar un tema que muy pocas veces se habla. Así que encantado de compartir este espacio con ustedes.

Geraldine Bendezú: Gracias a ti por aceptar la invitación. Antes de iniciar ya de lleno con el tema y contarte el caso que nos ha enviado la comunidad Mandü, me gustaría que nos cuentes un poquito de ti.

Daniel Vivar: Tengo 43 años. Estoy casado con Susana, soy papá de Cayetana, mi hija de 11 años. Tengo una mascota, Larita, de 4 años, una bichón que nos roba el corazón en casa.

Daniel Vivar: Me encanta viajar. Me gusta mucho el teatro, la música, leer. Soy apasionado de los libros físicos. A pesar de que soy muy digital, no me gustan mucho los libros digitales, soy bastante a la antigua en eso. Compartir tiempo con familia y amigos, conocer lugares nuevos, es algo que me encanta muchísimo.

Daniel Vivar: Después, hace un tiempo recién empecé a manejar, a los 40 saqué brevete. El hecho de viajar por ruta creo que es una de las cosas que he encontrado como pasión. Y hace poco también entré de lleno al deporte. Eso también me gusta muchísimo porque he encontrado otra pasión.

Geraldine Bendezú: ¿Qué deporte practicas?

Daniel Vivar: Correr básicamente, running, y gimnasio. Poco a poco le he entrado como rutina.

Geraldine Bendezú: Qué bueno. Cuántos hobbies, ahí vas coleccionando hobbies. Daniel, ahora te voy a contar un poquito de qué se trata el tema y te voy a leer el caso que nos ha llegado.

Caso: Trabajo como analista de recursos humanos en una empresa del sector manufacturero. Cada fin de año es una locura: presupuestos, evaluaciones, cierres, eventos, proyecciones, todo al mismo tiempo. No me quejo, me gusta mi trabajo, pero a veces siento que nos olvidamos de nosotros mismos. Somos el área que impulsa el bienestar, que escucha, que motiva y al mismo tiempo uno de los equipos más agotados de la empresa. Este año lo he sentido más que nunca.

Caso: Hace poco, mientras revisaba un caso de desvinculación, me puse a pensar en lo contradictorio que es. Ayudamos a otros a cerrar ciclos con empatía, pero cuando nosotros sentimos desgaste o frustración seguimos sin pausa. ¿Qué opinas de esto? ¿Te ha pasado algo similar?

Daniel Vivar: Totalmente de acuerdo. Sí me ha pasado. De hecho, es una paradoja que existe en recursos humanos. Nos encargamos de diseñar la estrategia de bienestar, pero muy pocas veces solemos aplicarla o usar esas acciones que proponemos para toda la organización.

Daniel Vivar: Ahí está la contradicción. Nos cansamos, nos agotamos, corremos siempre en estas épocas, queremos todo para ayer y no tomamos una pausa para medir cómo nos encontramos como equipo. Y a veces ahí está el error.

Daniel Vivar: ¿Cuál es la alternativa? Básicamente tomar una pausa para revisar qué estamos haciendo, qué necesitamos como equipo y reconocer que también nos cansamos y nos agotamos, pero sin culpa. También necesitamos tiempo para replantear la estrategia o la forma de trabajo, mirar hacia atrás, ver cómo hemos avanzado y qué podemos corregir.

Geraldine Bendezú: ¿Cómo haces para introducir esa conversación en un entorno donde todo es prioridad, donde hay objetivos que cumplir y el cierre del año está encima? ¿Cómo metes la conversación del cansancio o incluso cambiar una estrategia en un momento tan complicado?

Daniel Vivar: Hay que tener en cuenta, Gery, que un equipo puede estar agotado y seguir cumpliendo, pero al mismo tiempo está perdiendo creatividad, empatía y alineación con el propósito.

Daniel Vivar: Creo que es importante que quien lidere el equipo —o incluso los mismos integrantes— reconozcan que está ocurriendo agotamiento, estrés emocional o frustración, para ponerlo sobre la mesa. El líder puede incentivar esas conversaciones y preguntar qué está pasando.

Daniel Vivar: Y el hecho de que el líder también lo reconozca no lo hace débil, al contrario: inspira al equipo y evidencia un liderazgo humano. También como líderes podemos estar agotados. Cuando lo ponemos sobre la mesa, el equipo también se identifica y puede decir: “Yo puedo ayudarte”.

Daniel Vivar: Las situaciones de frustración se abordan hablando las cosas como son. Hay que reconocer las emociones, ponerles nombre y apellido. Y luego definir un plan de acción concreto como equipo.

Geraldine Bendezú: Me imagino que ahí también tiene mucho que ver una cultura de escucha y comunicación constante. ¿Qué recomendaciones les puedes dar a los líderes para tener este tipo de conversaciones con sus equipos?

Daniel Vivar: Ya cuando hablamos de que recursos humanos cuida todas las áreas, también somos parte del negocio. Tenemos que hablar de productividad. Pero productividad no significa ir a la carrera aunque estés agotado. Productividad también es sostener el rendimiento en el tiempo.

Daniel Vivar: Lo que hacemos en mi experiencia es hablarlo. Empezamos nuestros comités semanales no pasando lista de pendientes, sino preguntando cómo estamos, cómo empezamos la semana o cómo cerramos la anterior.

Daniel Vivar: En base a esos sentimientos y emociones generamos un espacio de apertura, como un rompehielo emocional. Desde ahí recién definimos estrategias tangibles para seguir impactando a las demás áreas.

Geraldine Bendezú: Yo te quería preguntar también qué señales puedes ver antes de que llegue el famoso burnout, que suele aparecer justamente por esta época del año.

Daniel Vivar: Yo diría que ya no debemos pensar solo en el cierre del año. Hoy los ciclos estratégicos son trimestrales o semestrales, todo cambia rápido. Las señales hay que identificarlas en todo momento.

Daniel Vivar: Para mí una señal importante es cuando en reuniones o comités, al preguntar cómo están, ya conozco a mi gente y noto silencios prolongados o respuestas automáticas. Ahí algo está pasando.

Daniel Vivar: El estado de ánimo es un indicador, pero no el único. Hay personas muy sonrientes por fuera y muy afectadas por dentro. También hay que mirar cómo están logrando los objetivos, cómo se relacionan con otras áreas y qué feedback recibes de clientes internos.

Daniel Vivar: A veces frente a su líder alguien se muestra bien, pero fuera del equipo responde a la defensiva o de forma cortante. Ese feedback también alerta mucho.

Daniel Vivar: Y otro punto importante es conocer algo de la situación personal o familiar. No para invadir, sino porque ya no somos dos personas distintas. Lo que pasa en casa impacta el trabajo y viceversa. Por eso las conversaciones uno a uno son fundamentales.

Geraldine Bendezú: ¿Y cómo haces tú para autogestionarte? Lideras el área, recibes feedback, objetivos, situaciones del equipo, tu vida personal. ¿Quién cuida a Daniel?

Daniel Vivar: Muy buena pregunta. Creo que parte mucho de que empecemos a cuidarnos nosotros mismos. Soy totalmente honesto: después de casi nueve años en Latina, estos últimos meses sentí que llegué a un límite. Se juntaron varias cosas: emocional, físico, salud. Llegué incluso a tener un cuadro de ansiedad. Nunca me había pasado.

Daniel Vivar: Lo primero que hice fue aceptarlo. Hablar con mi entorno más cercano: mi esposa, mis papás, mi hermana. Decirles “me siento así”. Hice catarsis con ellos.

Daniel Vivar: Pero también lo hice con mi equipo. Me senté con ellos y les dije cómo me sentía. Y eso fue de las cosas más bonitas. Nunca he sentido que mostrar vulnerabilidad me haga menos líder. Al contrario. Liderar también es mostrarse tal cual uno es, sin caretas.

Daniel Vivar: Escuchar que mi equipo me dijera “No te preocupes, nosotros te ayudamos, tómate unos días, primero es tu salud”, fue increíble. Tener ese apoyo en casa también me ayudó muchísimo.

Daniel Vivar: Entonces la clave es ser consciente de lo que sientes, aceptarlo, reconocerlo y tomar acción. Y si tienes que pedir ayuda, hacerlo. Tener un cargo de gerente o CEO no te hace Superman. Primero está tu salud, tu tranquilidad y tu paz emocional.

Geraldine Bendezú: Y viendo la parte positiva de lo que te pasó, también te hace más empático con otras personas, con sus crisis, con sus temores, con sentir que no pueden con todo.

Daniel Vivar: Ahí discreparía un poquito. No necesariamente tienes que vivirlo para ser empático. Yo no lo había pasado, pero ya tenía personas cercanas que sí habían vivido ansiedad o burnout, y las acompañaba.

Daniel Vivar: Creo que también ayuda educarte, informarte sobre estas condiciones para saber cómo apoyar desde el rol que tengas: líder, compañero, familiar, esposo, papá o hijo. Cuando te pasa, simplemente valoras aún más cuando otros te demuestran esa empatía.

Geraldine Bendezú: Finalmente, ya para cerrar, ¿qué recomendaciones o tips le puedes dar a las personas que están atravesando ansiedad, preocupación o sintiendo que todo va demasiado rápido?

Daniel Vivar: Lo resumiría en tres cosas. La primera: pausa. Ponte pausa un momento para respirar. Si sientes que estás sofocado, la respiración consciente ayuda muchísimo.

Daniel Vivar: Hay una técnica que me ayudó mucho: la 4-6-8. Inhalas cuatro segundos, sostienes seis y exhalas ocho. Ayuda incluso a descansar.

Daniel Vivar: La segunda: círculos de confianza. Espacios con familia o equipo donde puedas hablar y sentir apoyo. A veces solo necesitas que te escuchen. Otras veces alguien puede darte una idea que destrabe lo que te tiene estresado.

Daniel Vivar: La tercera: escuchar al cuerpo. El trabajo me apasiona muchísimo, pero si yo no estoy bien de salud, tampoco va a estar bien mi trabajo ni mi vida con mi familia. Cuando el cuerpo te habla, hay que prestar atención y tomar acción. Pensar en uno también es fundamental.

Geraldine Bendezú: Perfecto, Daniel, mil gracias. Realmente ha sido súper valioso saber cómo te estás sintiendo, porque quienes te vemos en LinkedIn pensamos que todo está perfecto. Ahora entendemos mejor cómo gestionas ese balance y todos los tips que nos has dado. Yo los voy a seguir de todas maneras. Muchas gracias por acompañarnos hoy.

Daniel Vivar: A ti, Gery.

Geraldine Bendezú: Y gracias a ustedes también por acompañarnos en este episodio. No se olviden de seguirnos en nuestras redes sociales. Estamos en YouTube, LinkedIn e Instagram como Mandü. Conmigo será hasta otra oportunidad. Ciao.

 

¿Quieres conversar con nosotros?

Si algo que leíste te hizo clic, quizás es momento de conversar. Déjanos tus datos y te diremos cómo redefinir tu gestión del talento.