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La conciliación entre la vida profesional y la maternidad de la mujer: una no tan breve reflexión

La conciliación entre la vida profesional y la maternidad de la mujer: una no tan breve reflexión

Llega un momento en el que pareciera que una mujer debe elegir entre escalar profesionalmente  o dedicarse a la maternidad. El Estudio ESADE Gender Monitor LATAM 2019 sondeó a 909 mujeres directivas con hijos, de cuatro países (226 peruanas) y el 31,3% confirma que se ha llegado a plantear no tener más descendencia para favorecer su carrera profesional.

Basta con observar las preguntas en entrevistas de trabajo que, desde el momento de formularlas, ponen en desventaja a las mujeres que son o desean ser madres mientras crecen laboralmente: ¿Tienes hijos? ¿Planeas tenerlos? Preguntas que no se le realizan a un hombre. Es más, un análisis de 2014 descubrió que por cada hijo que tiene una mujer, gana un 4% menos. En cambio, cuando los hombres son padres ganan un 6% más. (The Fatherhood Bonus and The Motherhood Penalty: Parenthood and the Gender Gap in Pay)

También hay investigaciones que sugieren que las madres se enfrentan al “sesgo del muro materno”, que impide que se considere que tienen la misma ética laboral y las mismas capacidades que sus compañeras sin hijos y este tipo de afirmaciones puede manifestarse en el lugar de trabajo de varias maneras, principalmente impactando el potencial y los ingresos de la madre colaboradora.

Al final, la responsabilidad de las mujeres frente a la maternidad y su vida profesional continúa condicionada por los roles de género, ya sea para dejar o continuar trabajando. En este artículo, queremos explorar y analizar los desafíos que esto conlleva y replicar algunas estrategias que permiten la “conciliación” de ambos roles: el equilibrio entre la maternidad (en todas sus etapas) y la profesionalidad enfrenta tantos retos que puede parecer incompatible. 

Compitiendo con el colaborador ideal:

No es muy difícil imaginarse al “camiseta”, a la persona que está completamente dedicada a su trabajo:  puede trabajar muchas horas proactivamente, es un apasionado de lo que hace y no tiene mayores responsabilidades que dedicarse a perseguir su sueño profesional. ¿Una madre no calza en este perfil? Debería, pero aún sucede que a las mujeres entregadas al cuidado de su familia, a veces, se les considera «distraídas y poco confiables en el mundo laboral». Ello conlleva a pensar que  el colaborador ideal y la buena madre son ideológicamente incompatibles. Puedes ser uno u otro pero no hay espacio para ser ambos. (The Atlantic, 2020)

¡Hagamos espacio entonces!

Reconociendo la doble jornada:

Hablar de “madres trabajadoras” o “working mothers” es redundante. Y esta es una realidad que además está medida y se encuentra en la desigualdad que todavía existe en el número de horas dedicadas a las labores del hogar. En promedio son ocho horas adicionales a la semana dedicadas al cuidado de los demás miembros de la familia y otras tantas a tareas del hogar. Es decir, más de 16 horas en total. O lo que es lo mismo, el equivalente a dos jornadas de trabajo a tiempo completo que se suman a las ya trabajadas fuera. (“La doble jornada”, Arlie R. Hochschild)

Algunas tareas domésticas como cocinar, limpiar, lavar, servir, hacer las compras nos exprimen y cada tarea implica cientos de subtareas. Por ejemplo, es imposible cocinar sin cortar y luego lavar. 

Tampoco podemos generalizar, pero está bien si tú también has sentido que la mayor parte del tiempo el nivel de exigencia de ser una madre trabajadora (y perdón por la redundancia) te produce una sensación de desborde. Definitivamente no les sucede a todas y con suerte, tenemos  la ayuda de terceros; compartimos responsabilidades en pareja, encontramos la suficiente empatía empresarial con la maternidad o la nueva forma de trabajar remotamente, pero que, sin ellas, ser profesional al mismo tiempo que ser madre se hace dificilísimo.

Muchas mujeres que se inclinan por la carrera profesional no lo hacen solo por el salario, sino por la realización personal.  Sin embargo, convencionalmente, se considera que una madre naturalmente pone al otro por delante de sí misma. Es “reconocida” por sacrificar sus ambiciones personales para, poco a poco, construir un nuevo mundo para sí o sus hijos. Así, la maternidad y el sacrificio se unen de tal manera que ambos se vuelven inseparables. Pero si una madre no sacrifica sus convicciones  ¿se convierte en menos madre?  Lo que nos lleva al tercer punto:

El sentimiento de culpa:

Todavía se les atribuye socialmente la responsabilidad exclusiva o principal del cuidado de los hijos y seamos honestos, de las personas en general. Las madres parecen no tener tiempo para desarrollarse profesionalmente (sobretodo los primeros años) debido a las responsabilidades que conlleva. También sucede que se sienten culpables por dejar a sus hijos para dedicarse al trabajo con el fin de crear un futuro mejor para… ¡sus hijos!

“Nunca quise que pareciera que el crecimiento de mi familia me impidiera hacer mi trabajo” (Extracto de artículo de US Daily).

La participación de los padres y las madres en la crianza:

Que no haya una distribución de responsabilidades igualitaria repercute en una sobrecarga de trabajo en la mujer. Prácticamente la totalidad de las personas que se acogen a permisos y excedencias por razones de cuidado son mujeres. (Tribunal Feminista, 2018)

La flexibilidad, un arma de doble filo:

Hay beneficios (y derechos, claro) otorgados a la mujer, pero a nivel general se mantiene una dinámica empresarial que perpetúa el sentimiento entre las mujeres de no poder alcanzar sus objetivos profesionales,  de no ser capaz de destacar en su trabajo.

¿Por qué? Ya lo habíamos mencionado antes, existe un sesgo. Y aunque no siempre es explícito,  los empleadores pueden cuestionar la capacidad de una madre para cumplir las exigencias de su función profesional. En consecuencia, no ofrecen oportunidades de ascenso, y el resultado es que muchas madres se estancan profesionalmente.

La penalización de la maternidad también se aplica a las mujeres que se reincorporan al trabajo después de una pausa para cuidar de sus hijos. Un estudio publicado en la revista American Sociological Review reveló que las madres que se quedan en casa tienen la mitad de posibilidades de conseguir una entrevista de trabajo que las madres que han sido despedidas de su anterior empleo. 

“Es terrible pensar que te ven  menos capaz o menos dedicada al trabajo sólo por ser madre. Poco a poco, estoy aprendiendo que hay un equilibrio.” (Extracto del artículo de US Daily).

Y frente a esto, ¿qué deben hacer las empresas?

Aparentemente no existen medidas suficientes puestas en marcha para que ser madre no afecte su desempeño laboral. Muchas de ellas continúan demostrando rechazo porque están enfocadas a todo lo que les puede “costar” contratar a una madre o futura madre en el corto plaza.  ¿Cómo evitar esto? 

  • Formar parte de la solución y no del miedo

Las empresas pueden y deben empoderar a las madres para que acepten los cambios que conlleva tener hijos desde el apoyo y la comunicación.  Un buen comienzo es decir “Puede ser difícil cuando regreses, pero estamos aquí para ayudarte.

  • No se trata de territorialidad o poder sino de autonomía

Los líderes pueden crear programas que conecten a las madres en roles de liderazgo con mamás nuevas o futuras. De esta manera, tener mentores que las ayuden a navegar el equilibrio entre el trabajo y la vida, así como brindarles apoyo y ayudarles a desarrollar su confianza.

  • La confianza 

Cuando las mamás se sienten apoyadas en su trabajo, aumenta la probabilidad de que sigan trabajando, lo que puede significar mejores tasas de retención para las empresas, según Harvard Business Review. 

El impacto  

Después de una profunda investigación a más de  30.000 hombres y mujeres de 24 países, por Kathleen L. McGinn, profesora de Administración de Empresas en la Universidad de Harvard, su conclusión principal fue que haber tenido una madre que haya trabajado cuando sus hijos eran menores de 14 años afecta positivamente en su vida adulta ya que:

  1. Las hijas mujeres tienen un 4.5% más de probabilidades de tener un trabajo y ganar más dinero. 
  2. Un 33% de ellas llegan a tener un puesto de responsabilidad en su empresa, frente al 25% de las hijas cuya madre no tuvo un empleo remunerado en su infancia. 
  3. Los hijos hombres adultos dedican más horas a las tareas del hogar y pasan más tiempo con sus hijos.

Entonces, ¿el principal reto para crecer profesionalmente es la maternidad o es el hecho de ser mujer?

La maternidad no encaja perfectamente en la vida profesional, y no deberíamos avergonzarnos de admitirlo. La maternidad no es algo por lo que debemos disculparnos en nuestro trabajo. Pero para ello, necesitamos que las empresas también defienden el cambio en el lugar de trabajo. 

Más allá de eso, las mujeres que deciden ser madres y trabajar a la vez, deberían empezar a verse como una ventaja competitiva no sólo para el colaborador, sino también para la empresa. Tal como mencionamos en nuestro artículo “La hora de los líderes U35” para Andrea Rebagliati, Jefa de Talento de Urbanova, la diversidad también se convierte en un potenciador de la creatividad. «La diversidad promueve el hecho de que cada persona pueda contribuir con ideas, con soluciones diferentes».

¿Es egoísta una mujer que decide no ser madre por su carrera profesional? No. Esta es una decisión personal que también debe ser tomada en cuenta y valorada. Y esto no quiere decir que la mujer que lo decida así, carezca de instinto materno sino que más bien demuestra que pueden existir otras prioridades, otro tipo de motivaciones y eso también está bien. Cada quien ubica su felicidad en donde desee y no debe ser juzgado por ello. Sin embargo, en el caso para quienes decidan ser madres o les tocó serlo, que esto no sea una limitante en su vida profesional. Bien sabemos que las mujeres podemos pero las restricciones no nos las debe poner la empresa en la que decidimos trabajar.

Maria Vanessa Rodríguez 25, Mayo del 2021
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